Su protagonista, Nick Vujicic, es un hombre que nació sin extremidades. En “El circo de las mariposas” (en apenas veinte minutos) se hace tributo al valor de superarse a sí mismo y a la evidencia de que esta superación, más que física, es una superación de nuestros propios límites: de nuestros miedos, de nuestros complejos, de nuestros resentimientos, de lo que nos enseñaron a creer que no éramos capaces de lograr y que así asumimos y creímos como algo cierto.

Frente a la fascinación primaria que despierta la imperfección, la debilidad, la grosería y la mezquindad, en el circo de El Círculo de la mariposa se rinde tributo a la perfección que nace de superar nuestros límites, nuestros fracasos; en especial, el sentimiento destructivo que surge al enjuiciar como tales los reveses con que a veces la vida nos anima a superarnos para tomar conciencia de los talentos y valores que yacen en nuestro interior a la espera de ser brindados a la Vida.

Este hombre, al que “parece que Dios le dio la espalda”, es un vivo ejemplo de que:

“Cuanto más dura es la prueba, más glorioso es el triunfo”

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